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Enero2020

 

 

 

 

 

 

 

 

Escritores y libreros se alían por un mercado más transparente

 

 

 

 

 

 

 

Asociaciones de autores y librerías ultiman un convenio para compartir información de ejemplares vendidos y mejorar el sistema de liquidación de los derechos

“La desconfianza entre autor y editor por las ventas de los libros no es nueva, pero la obligación de concretar la “trazabilidad” de las ventas de los libros, sí. Es una exigencia impuesta en la última reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, en el artículo 177, que el pasado marzo incorporó la directiva del Parlamento Europeo para facturar con claridad los beneficios de los derechos de autor. Carlos Muñoz, abogado de la Asociación Colegial de Escritores de España (ACE) explica que la norma reconoce muchos derechos a los creadores, “pero no pone los mecanismos para defenderlos”. Su asociación, que reúne a unos 2.000 autores, recibe más de un centenar de quejas anuales sobre la falta de transparencia en la liquidación de los derechos. Muchas podrían acabar en los tribunales, pero, afirma Muñoz, “los escritores no suelen tener el dinero para llevar ante el juez a una editorial”.

Para corregir esta desconfianza, ACE esta a punto de cerrar, tras dos años de negociación, un convenio con la Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libros ( cEGAL), que agrupa a 1.400 librerías de fondo, mediante el que se comprometen a facilitar el número exacto de ejemplares vendidos en el mismo momento en que se reclame. Portales de venta online como Amazon quedarían fuera de ese pacto. Manuel Rico, poeta, novelista, crítico y presidente de ACE, dice que así atenderán a una demanda histórica de los autores, que “denuncian que algunas editoriales incumplen la ley, tanto en materia contractual como en materia de retribución económica. Hoy todo el mundo lucha por la transparencia, queremos saber la evolución real de las ventas y garantizar nuestros derechos”. Rico aclara que sobre todo son los sellos “pequeños y no tanto los grandes grupos” los que generan quejas. Jorge Corrales, director general de CEDRO, entidad de gestión de derechos de autor de los escritores, confirma que también está trabajando por cerrar un convenio similar con los libreros, que acarrearía un “beneficio para todo el sector”.

Para conocer los datos de venta (que son secretos y las editoriales muestran u ocultan a menudo como una herramienta promocional que es difícil de contrastar), las grandes editoriales pagan los servicios de GfK, empresa de investigación de mercados que proporciona cifras de grandes cadenas, almacenes, supermercados y algunas librerías independientes y que ha ido sustituyendo a Nielsen, que era la consultora más utilizada antes. Los autores no pueden conocer sus cifras exactas hasta la liquidación a año vencido, cuando reciben esa información de sus editores. La suscripción a esta herramienta es muy cara y depende del tamaño de la empresa (aunque esa cifra también es confidencial), y está fuera del alcance no ya de los escritores, sino también de los sellos de la parte baja de la tabla.

De ahí que los escritores acudan ahora a los libreros. Javier López Yáñez, director técnico de CEGAL, se muestra dispuesto a “compartir la información”. “Nuestros datos clarificarán discrepancias. Desde hace años los aportamos en casos de conflictos legales. Ahora estamos ultimando la herramienta para construir un sistema más transparente”. El País

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El espía de los Medici sale a la luz 500 años después

 

 

 

 

 

 

Un estudio desvela la verdadera identidad del agente que pasó información de la corte de Fernando el Católico

“Kim Philby o Juan Pujol son algunos de los espías más famosos de la historia y se les tiene, en teoría, por los mejores. Pero, evidentemente, los mejores son aquellos cuyo nombre se desconoce. Lo contrario de lo que le pasó al cartógrafo Juan Vespucci en el siglo XVI, considerado hasta ahora agente secreto de la poderosa familia Médici en la Casa de Contratación de Sevilla, el establecimiento real que controlaba el tránsito de expediciones a América. Pero este Juan Vespucci (ha descubierto Luis A. Robles Macías, de la Universidad Libre de Bruselas) ni era espía, ni vigilaba el comercio con el Nuevo Mundo. El auténtico infiltrado era su primo, que se llamaba igual que él y lo que espiaba era la corte de Fernando el Católico, los movimientos de sus tropas, la flota del Mediterráneo y las alianzas en Europa: lo que le interesaba en realidad al clan Medici.

En 1988, la historiadora del CSIC Consuelo Varela convirtió erróneamente a Juan Vespucci en espía al creer que tres cartas encriptadas que encontró en el Archivo del Estado de Florencia eran obra suya, ya que estaban firmadas por un tal Giovanni Vespucci y dirigidas a Lorenzo II de Médici. Desde entonces, el dato se ha repetido en numerosas publicaciones y hasta se ha creído que Juan perdió su empleo oficial porque la Corona también pensaba que era un agente. “Yo estaba investigando sobre Colón y los florentinos cuando me encontré las tres cartas. Pensé que eran de Juan. Me equivoqué”, admite Varela.

En el artículo No, mapmaker Juan Vespucci was not a Medici spy (no, el cartógrafo Juan Vespucci no era espía de los Medici), extraído de la tesis doctoral de Luis A. Robles, se explica que el inocente Juan Vespucci (nacido Giovanni di Antonio) era un cartógrafo, navegante y mercader sobrino del famoso Américo Vespucio. Juan trabajó como piloto de la Casa de Contratación entre 1512 y 1525, año en que fue despedido. Se ignoran las razones.

Para refutar la tesis de que Juan era el confidente, Robles revisó, no tres, sino las 12 cartas que se guardan en Florencia con su supuesta firma. En una de ellas, fechada en Roma el 13 de diciembre de 1513, el informador anunciaba que tenía previsto viajar en breve a España con el nuncio papal Galeazzo Bottrigari. Esta afirmación no la pudo hacer nunca Juan porque en esas fechas ya estaba en Sevilla.

El 11 de abril de 1514, Juan Vespucci embarcó hacia Panamá. Sin embargo, el espía envió uno de sus informes desde Madrid en mayo de ese año. En otra misiva, firmada el 17 de septiembre de 1515, el agente pide un favor para un pariente a quien llama “hijo de Antonio Vespucci”. Antonio era el padre de Juan, lo que significa que Juan no pudo ser tampoco el autor de esta petición porque tendría que haberse referido a la persona para quien pedía la prebenda como “mi hermano”. Además, la letra de las cartas florentinas “difiere notablemente” de la grafía que se conserva de Juan en los archivos de Sevilla.

Pero ¿quién era entonces el espía? Robles estudió el árbol genealógico de los Vespucci en torno a 1515. Ahí encontró cuatro hombres llamados Giovanni. Además de Juan, halló a Giovanni di Guidantonio, hijo de un famoso diplomático; a Giovanni di Bernardo, primo segundo del anterior; y Giovanni di Bartolomeo.

La investigación se centró pronto en Giovanni di Guidantonio Vespucci, porque había trabajado como diplomático para Giuliano de Médici, hermano del papa León X y tío de Lorenzo. Por tanto, tenía contacto directo con la poderosa familia. Además, en enero de 1514 acompañó a España al nuncio Bottrigari, como avanzaba el informe secreto firmado el 13 de diciembre. Todo cuadraba. Por otra parte, el embajador florentino en España era Giovanni Corsi, que tenía un secretario llamado Agostino Nettucci, que era el preceptor de Giovanni di Guidantonio. Es decir, el autor de los informes siempre estaba donde señalaban las cartas y tenía acceso preferente a la embajada y a los Médici.” El País

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

México devuelve 37 piezas arqueológicas a Perú

 

 

 

 

 

 

 

La entrega comprende piezas de arte que datan desde el año 200 hasta el período virreinal del país andino

““Es algo que les demandamos constantemente a Europa y Estados Unidos, pero aquí lo estamos haciendo”, ha dicho el canciller mexicano, este martes por la tarde durante la entrega de 37 piezas arqueológicas a su par peruano, Gustavo Meza-Cuadra. Los objetos, que comprenden diversos períodos históricos desde el año 200 hasta bien entrada la colonia española, fueron devueltos a Peru tras varios análisis realizados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) de México sobre piezas decomisadas y entregadas voluntariamente a las autoridades del país norteamericano.

La entrega se realizó en el marco de una reunión entre ambos cancilleres, destinada a estrechar sus relaciones bilaterales, y casualmente coincidió con el anuncio de una nueva venta de arte precolombino mexicano de la casa de subastas francesa Millon, programada para el próximo 22 de enero. México mantiene una larga disputa con Francia por la venta de arte precolombino, batalla que tuvo su epítome entre septiembre y octubre del año pasado cuando la casa Sotheby’s puso a la venta 200 piezas de arte en una subasta realizada en París.

Pero con Perú la historia es otra. La repatriación tiene origen en un tratado firmado entre ambos países en 2002 con el objetivo de restituir artefactos patrimoniales que hay en sido importados ilegalmente. En 2017, México ya había entregado a Perú otras 168 piezas recuperadas durante un período de seis años.

La colección entregada al país andino durante una ceremonia en la Secretaria de Relaciones Exteriores mexicana comprende vasijas, jarrones y figurillas que son evidencia de arte precolombino de las culturas Chimú, Lambayeque, Recuay y Chancay, al igual que otras del período incaico y dos piezas de madera del período virreinal. Para Diego Prieto, director general del INAH, y encargado de la presentación de las piezas, la entrega responde “al compromiso que tiene México con el cuidado y recuperación de su patrimonio y con otras naciones para que puedan recuperar el suyo”. El País

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El guardián de Chiribiquete cambia de estrategia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El antropólogo Carlos Castaño-Uribe presenta la mayor investigación sobre el parque natural más grande de Colombia, un mundo perdido salpicado por milenarias pinturas rupestres

“Con sus tepuyes tapizados de selva y salpicados por miles de pinturas rupestres, Chiribiquete se mantuvo durante siglos aislado, a salvo de la voraz deforestación que hoy lo asedia. Así, como un secreto bien guardado, también intentó preservarlo por décadas Carlos Castaño-Uribe, el antropólogo que ha dedicado su vida a investigar y proteger el mayor parque natural de Colombia, declarado el año pasado patrimonio cultural y natural de la humanidad. Pero Chiribiquete ya no es ningún secreto. Su guardián –que le huye a la etiqueta de “descubridor”– ahora se esmera en que los colombianos, sin visitarlo, reconozcan el inmenso valor de este paraje en el corazón de la Amazonía.

“Más que en la ciencia, porque no tenemos el tiempo, o en las instituciones, la mayor fortaleza para proteger Chiribiquete está hoy en la opinión pública”, afirma Castaño-Uribe, entusiasmado, sobre Chiribiquete, la Maloka cósmica de los hombres jaguar, el mayor estudio sobre este parque natural único en el planeta que acaba de publicar. Las ganancias del libro, ilustrado con centenares de imágenes, irán enteramente a su cuidado. Con el apoyo de Sura, se entregó a la tarea de escribir sobre un lugar donde habitan 500 especies de aves, 60 de reptiles y otras tantas de anfibios, murciélagos, mariposas y, por supuesto, el jaguar. Muchas de esas especies, con el emblemático felino en un lugar privilegiado, están representadas en los milenarios diseños que cubren las paredes de roca. “Aquí están cifrados algunos elementos que van a permitir afianzar la idea de una nacionalidad”, sostiene categórico. “En buena parte del Neotrópico, que es mi teoría, tenemos un sustrato común que está muy ligado a todo este lenguaje codificado”. Hace más de 30 años, como director de los parques naturales de Colombia, Castaño-Uribe se proponía visitar Amacayacu, en el extremo sur del país. Cuando salían de San José del Guaviare en una avioneta muy pequeña, los sorprendió una enorme tormenta que los obligó a desviarse. Fue entonces cuando apareció en el horizonte una majestuosa serranía, desconocida hasta entonces. Ante sus ojos se elevaban, en medio de la selva, los imponentes tepuyes, mesetas abruptas características del escudo guayanés. “Era un mundo perdido, en la dimensión absoluta de su palabra. Lo recuerdo como si fuera hoy con enorme intensidad”, rememora en diálogo con EL PAÍS. Cuando repasa la fortuna de encontrarse de frente con ese lugar, y todo lo que ha ocurrido desde entonces, aún se sorprende. Por momentos, asume un tono casi místico. “No he dejado de pensar que quizá no fue tan fortuito que yo pudiera llegar a este sitio. Me cuesta mucho trabajo como científico entrar en esta esfera de lo que no puedo explicar, pero Chiribiquete da para eso y mucho más”.

Enclavado entre los departamentos de Caquetá y Guaviare, su singular cadena montañosa surge en medio de la planicie amazónica, la región más biodiversa del mundo. Es un paraje aislado, remoto, inexpugnable durante las largas décadas de conflicto armado que Colombia quiere dejar atrás. “Era el gran anhelo para cualquier servicio de parques nacionales, tener un área en ese estado de conservación como estaba Chiribiquete, intacto y totalmente desconocido”, rememora con brillo en los ojos.

Tras un par de años de sobrevuelos exploratorios, fue declarado parque natural en 1989, pero solo hasta 1990 pudo organizar una primera expedición. Con su equipo, se lanzaron desde un helicóptero al río Ajajú en un bote inflable, y desde allí divisó con sus binóculos un manchón rojo en una roca muy distante que le llamó la atención. Caminó durante horas en medio de la selva y escaló cientos de metros para toparse con la pintura de dos jaguares mirándose de frente. Bautizó esa pared de unos 120 metros, con más de cinco mil pinturas que pasaron el resto del día contemplando, como el Abrigo de los Jaguares. El primero de los 65 encontrados en las ocho expediciones formales que se han organizado hasta hoy.” El País

 

 

 

 

 

 

 

 

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